lunes, 8 de julio de 2013

¡Tú también juegas!

En nuestro país, los niños que practican deporte se cuentan por legión. Con una mayor o menor intensidad, nuestros hijos realizan alguna actividad extarescolar que exige un esfuerzo físico que ,realizado de forma razonable, resulta una actividad saludable para su desarrollo. Según el deporte practicado, algunos de los pequeños deportistas optan por adherirse a alguna entidad que les permita competir durante los fines de semana. En la mayoría de ocasiones el hecho de entrar en competición conlleva la necesidad de afiliar al niño a la federación correspondiente para lo cual se deben cumplir una serie de requisitos. Uno de ellos es el haber realizado un reconocimiento médico que certifique que el pequeño es apto para la práctica del deporte en cuestión. 
Históricamente, estos reconocimientos  se limitaban a revisiones básicas que solían incluir una exploración física y, en el mejor de los casos, un electrocardiograma. Lamentablemente los recientes casos de muertes súbitas de deportistas de élite han alertado a federaciones, colectivos sanitarios y familias de niños deportistas que perciben más que nunca la necesidad de realizar un reconocimiento médico completo para evitar las complicaciones derivadas de la práctica deportiva. Y es que resulta incomprensible que verdaderos atletas, personas que han pasado múltiples y exahustivas revisiones médicas, acaben sufriendo las consecuencias de alguna enfermedad congénita no diagnosticada con la actividad física como desencadenante.
Una exploración física detallada realizada por el médico especialista del deporte, un electrocardiograma y una ecocardiografía normales deben ser condiciones "sine qua non" para conceder al pequeño deportista la aptitud para practicar el deporte elegido. En casos más selectivos (deportes de alta intensidad o deportistas de élite) y a criterio del profesional responsable, el estudio debe completarse con una prueba de esfuerzo (ergometría) u otras exploraciones más complejas. 
Por suerte, cada vez son más los clubs deportivos que exigen a sus jugadores el certificado deportivo oficial ,pero no debemos olvidar que existen muchos deportistas no federados que también deberían pasar un reconocimiento completo aunque ningún tercero lo exija legalmente. Tampoco debemos olvidar a los escolares, que pueden llegar a practicar entre 8 y 10 horas de actividad física en horario lectivo si a la actividad realizada en la asignatura de educación física le sumamos la realizada en horas de recreo.
Por tanto, como padres, es aconsejable realizar una valoración de la actividad física de nuestros hijos (sean deportistas federados o no)  que nos garantice la ausencia de patología subyacente y que permita al niño practicar su deporte favorito sin riesgo. Y recordad, una inversión de este tipo no tiene precio y, si lo tiene, siempre serà menor al de las últimas botas de Messi o Iniesta que religiosamente compramos al inicio de cada temporada.

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