sábado, 16 de febrero de 2013

Historias del otro lado (2): alergia al huevo

Hace ya algunos meses os contamos nuestras peripecias como pediatras padres de un hijo con problemas renales.
Hoy nos apetece explicaros otro singular episodio de nuestros gemelos.
Nos situamos en el mes de julio del pasado año. Pau y Albert acababan de cumplir un año y, como dictan las pautas alimentarias más ortodoxas, ya estaban preparados para recibir un nuevo alimento: el huevo entero, yema y clara. Alrededor de los 9 meses ya habíamos introducido la yema sin que ninguno de los 2 niños presentase ninguna incidencia. Pues bien, a un servidor no se le ocurrió nada más que iniciar el nuevo alimento el día que la madre de los muchachos y sus hermanos mayores iban a pasar el día en un conocido parque temático. Lo cierto es que ambos devoraron el puré de verduras y huevo con fruición rematando la comida con un derivado láctico. Todo iba sobre ruedas hasta que, a los pocos minutos aprecié cierta inquietud en uno de los niños.
Cuando fui a ver que sucedía, observé lesiones habonosas (ronchas)  que se extendían por cuello, tronco y extremidades inferiores. Al poco tiempo, el hermano presentaba los mismos síntomas además de vómitos y diarrea. Obviamente, todo apuntaba a una reacción alérgica al huevo y por tanto actué en consecuencia. Tras administrar sendas dosis de corticoides y antihistamínicos, el proceso cedió en pocas horas. Cuando la madre y los hermanos llegaron, exhaustos después de un día de diversión, apenas quedaba rastro de la batalla que allí había tenido lugar.
Unas semanas más tarde, ya reiniciado el curso escolar, acudimos al servicio de alergia de nuestro hospital. Explicamos al profesional los promenores del episodio y, tras la anamnesis pertinente, la enfermera practicó a cada uno de los gemelos un test cutáneo (prick test) para determinar la sensibilización a las distintas proteínas del huevo. Bingo! Ambos niños resultaron alérgicos a todas las proteínas. Si bien apenas quedaba duda alguna del diagnóstico, éste quedó confirmado con la analítica sanguínea que mostró elevados niveles de anticuerpos específicos contra cada una de las proteínas del huevo.
A día de hoy, Pau y Albert toman una dieta exenta de huevo. En casa, está rotundamente prohibida la entrada de dicho alimento y en nuestras frecuentes incursiones al supermercado dedicamos un buen rato a la lectura de los envases. En unos meses, cuna vez transcurrido un año desde el diagnóstico, está previsto volver a practicar exploraciones complementarias. Los resultados y su interpretación dirán si los chicos podrán disfrutar de una buena tortilla.

Os dejamos el enlace de la Asociación Española de Alérgicos al huevo

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