martes, 27 de noviembre de 2012

Cada oveja con su...pediatra

En algunas las ocasiones, la manera de proceder del pediatra no convence al paciente. No se trata de un tema de praxis médica (al médico, la pericia, como el valor al soldado, se le supone…) sino de un conjunto de variables como pueden ser la formación, la experiencia, el “feeling” y los valores de unos y otros. Porque, ¿qué busca exactamente un padre en el pediatra de sus hijos? La respuesta es casi tan amplia como familias existen en el mundo…y pediatras no los hay tantos.
En mi vida profesional me he encontrado con familias que daban importancia a aspectos tan aparentemente banales (y no por ello menos importantes) como la edad y sexo del profesional, la proximidad geográfica o la accesibilidad “full time”. Lo que sí es bien cierto es que, bajo mi punto de vista, cada familia debería confiar la salud de sus hijos a alguien en quien crea, alguien con quien tenga buenas vibraciones y que, a poder ser, tenga una disponibilidad adecuada a sus necesidades.
A parte de estos aspectos, que considero casi imprescindibles, otras variables de peso pueden influir en la relación médico paciente. En mi caso, se me hace difícil relacionarme con pacientes que “hablan” un idioma distinto al mío. Como médico tradicional –alopático- me cuesta horrores congeniar con familias que no creen en las vacunas, que demandan tratamiento antibiótico ante un simple catarro o que pretenden que les paute tratamientos alternativos antes de haber probado aquellos cuya efectividad ha sido científicamente demostrada. En estos casos, lo peor que podemos hacer es entrar en conflicto pues, al fin y al cabo, el perjudicado acabará siendo el paciente. Ante estas situaciones, mi postura es la de recomendar a la familia que encuentre un profesional más afín con sus creencias y con el cual se sentirán sin duda más cómodos.
Y es que , como digo a menudo, “cada pediatra tiene su público y cada público tiene su pediatra”
En esta página para familias -babycenter- podéis encontrar más información sobre el tema

lunes, 19 de noviembre de 2012

Historias del otro lado: hidronefrosis congénita

Hoy nos ponemos un poco más serios de lo habitual para hablaros de un problema de salud que afectó a Pau, uno de nuestros gemelos.
Hacia la mitad del embarazo de Gemma, una de las ecografías de control detectó que uno de los fetos presentaba un riñón de mayor tamaño que el otro. De forma habitual, los 2 riñones no tienen una medida idéntica aunque en esta ocasión la diferencia iba más allá de las variantes de la normalidad. A medida que avanzaba la edad gestacional, la diferencia entre riñones se hizo  más patente. Las exploraciones al nacimiento confirmaron que uno de los riñones, el izquierdo, era patológico a expensas de una obstrucción de la unión entre el riñón y el uréter, causando la hidronefrosis congénita. A los 2 meses de vida, Pau fue intervenido quirúrgicamente y un año más tarde ha sido dado de alta de su enfermedad sin secuela alguna.
¿Qué es la hidronefrosis congénita?
La hidronefrosis es una dilatación del riñón originada por un aumento de presión ejercido por la orina cuando el flujo de la misma hacia el uréter está disminuido. Se trata de  la anomalía fetal detectada con más frecuencia por ecografía prenatal y la mayoría de las veces es unilateral.
Actualmente, se sabe que su presencia no es sinónimo de obstrucción y que la mayoría de ellas desaparece de forma espontánea sin tratamiento. En estos casos, la hidronefrosis se produce como respuesta a una obstrucción anatómica transitoria ocurrida durante el embarazo y que se resuelve espontáneamente después del nacimiento.
La obstrucción congénita instaurada casi siempre se debe a cambios producidos en la unión pieloureteral (síndrome de la unión pieloureteral), con una distribución anómala de las fibras musculares, una sustitución de las mismas por tejido fibroso y una alteración en el peristaltismo pélvico. El grado de la obstrucción es variable, y puede oscilar entre una obstrucción parcial más o menos intensa y una obstrucción total.
Para confirmar la persistencia postnatal de la obstrucción, se realizan diversas exploraciones complementarias. Inicialmente, la ecografía nos permitirá valorar si los hallazgos prenatales se mantienen así como la intensidad los mismos.
Una vez confirmada la hidronefrosis, a la mayoría de paciente se les practica una cistouretrografía miccional seriada (CUMS) o una cistografía isotópica  que valorará con mayor detalle el grado de obstrucción y la presencia o no de reflujo vesico-ureteral. El renograma isotópico y la gammagrafía revelarán si la presión ha llegado a dañar el tejido del riñón y su función. Los resultados de estas exploraciones determinarán el plazo previsto para la realización de la intervención quirúrgica y el pronóstico de la enfermedad.
La técnica quirúrgica de elección para tratar la obstrucción es la ureteropieloplastia. Se trata de una técnica que permite mejorar el drenaje a través de la unión pieloureteral lo cual permitirá disminuir la presión ejercida por la orina sobre el riñón afecto. La evolución y el pronóstico dependerán del grado de afectación previo de la anatomía y la función renales.

Ureteropieloplastia

En nuestro caso, la intervención quirúrgica fue todo un éxito y la ecografías posteriores confirmaron la resolución completa del problema obstructivo. El diagnóstico prenatal fue clave para evitar un mayor deterioro del riñón. Como ya hemos comentado, actualmente Pau ha sido dado de alta haciendo una vida totalmente normal

lunes, 5 de noviembre de 2012

Lactancia materna...!a dúo!

Los gemelos acaban de cumplir 15 meses y ya hace tiempo que no toman pecho, pero  una consulta sobre lactancia materna me hace recordar mi experiencia personal sobre el tema.
Mi primera maternidad no vino acompañada de lactancia materna exitosa (inexperiencia de la madre...), lo que supuso lactancia artificial en biberón, pero no me agobié en absoluto.
La segunda hija me pilló más tranquila, mejor informada, y nos dieron el alta de la clínica con buena ganancia de peso con lactancia materna exclusiva.
Y bastantes años más tarde...llegaron los gemelos! A los 41 años, con mi segundo marido y "mucha mili", el tema de la lactancia materna no me preocupaba. Sabíamos que era posible, pero en general la gente de nuestro alrededor (tanto familiares como profesionales) daban por hecho que les tendríamos que dar una "ayuda" en forma de biberón.
Llegado el momento, los gemelos no vieron a su mamá hasta las 12 horas de vida, con lo que el estímulo tan recomendado al minuto uno no sucedió. Nosotros pusimos todo nuestro empeño e interés, ofreciendo pecho a los dos cada 2-3 horas, sin dormir ni descansar demasiado. El personal de la Maternidad nos ayudó a estimular la subida de la leche, a colocarlos a los dos a la vez... Y a los 7 días tuve la subida de leche, y no hubo vuelta atrás : los dos tomaron lactancia materna exclusiva y crecieron con normalidad.
El apoyo incondicional de mi marido, a todas horas, a pesar de haber terminado la baja por paternidad, fue una de las claves del éxito. La otra, mi pasión por mis hijos, el hecho de disfrutar de cada minuto como si fuera el último y vivir estos momentos que ya no volverán nunca más con la mejor compostura.
La lactancia materna se solapó con la introducción de los alimentos sólidos sin problema alguno (excepto la alergia al huevo...que ya os contaremos). Pasaron del pecho a la cuchara y nunca han tomado un biberón.
La leche se fue retirando a medida que la demanda fue disminuyendo de forma gradual. Sin ningún trauma, ni mío ni suyo, dejamos la lactancia materna a los siete meses de edad. La salida precoz de los dientes y algún mordisco ocasional me convencieron de que era hora de ir dejando la lactancia, aunque reconozco que en general la lactancia se debe alargar un poco más si es posible y así lo desean "ambas partes".
Otro día os contaré nuestra experiencia en la introducción de los alimentos, que también tuvo su miga.

Os adjunto el enlace al artículo que escribimos hace unos meses para el blog de nuestro hospital